Mi vocación. Mi trabajo por Salta

Tenía 14 años cuando comencé mi militancia política. Y 38 cuándo fui elegido gobernador de mi provincia por primera vez. En el medio me recibí de abogado, me casé, tuve cuatro hijos y la gente de Salta me dio su confianza para ser diputado provincial y luego diputado nacional. 


Hoy, con 46 años, sigo mirando al futuro con la misma esperanza, con las mismas ganas y con la misma fuerza. Lo único que importa es el bienestar de la gente. Podemos escribir hojas y hojas, pero la conclusión, el principio y el final, es ese. Y para eso trabajo. Todo lo que hago tiene que ver con eso. Desde la salud a las obras. Desde la educación al ambiente.


Sé que muchos de mis comprovincianos no la pasan bien. No me lo contaron. Lo he visto yo con mis propios ojos. Sé que faltan hacer miles de cosas y que me he equivocado en algunas decisiones. Pero no sé mentir. 


Hemos iniciado un cambio que nada ni nadie podrá detener. No estamos buscando la equidad.

Estamos luchando todo el tiempo por ella. Sostengo que la política puede ser mejor. Debe serlo. El clientelismo es una ofensa y un delito que se comete contra mi pueblo. Estamos haciendo todo para que se acabe para siempre. Y estamos ganando esa batalla. No acepto la cultura del norte pobre. No espero nada de nadie para erradicar esa espantosa forma de asumir un destino injusto. Y lo hago con hechos que a algunos les cambia la vida y que otros no alcanzan a ver. 


La gente sigue confiando en mí. Esto no es un orgullo. Es una obligación ética y moral para con ellos, es una responsabilidad que no termina ni da tregua. En eso estoy. Este es el camino que elegí. Que acepto con el corazón y con la mente. Y por el que todos los días le pido a Dios que me acompañe en el recorrido.


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